Si quisiéramos hacer una película climática, el Ártico sería un escenario en el que podríamos tener hielo, fuego… e, incluso, personajes zombis. Sí, sí. En concreto, incendios zombis que despertarían cada vez más por el cambio climático. ¿Ciencia ficción?  Os cuento:

Como siempre, antes de empezar al 100%, os dejo el artículo en el que está basado este hilo: “Overwintering fires in boreal forest” de Scholten, R. C. et al, 2021. Y un podcast sobre el tema (gracias @biomolecules101). Ahora sí, ¡vamos!

El Ártico y los incendios

El Ártico es una de las zonas más vulnerables frente al cambio climático. Sabemos que se está calentando más rápido que el resto del planeta y cada cierto tiempo nos sorprende con noticias impactantes, como los 30ºC alcanzados a mediados de mayo de 2021 o como estos incendios que empezaron a afectar a zonas de Siberia en el mes de abril y que se veían desde un satélite Sentinel-2 de Copernicus.

La verdad es que los incendios no son una cosa nueva. Normalmente la temporada de incendios en esta zona comienza cuando empieza a haber tormentas en torno a junio o cuando comienzan actividades humanas como quemas de deshechos etc. Pero resulta que hay algunos incendios que aparecen “porque sí”. Zonas que comienzan a arder sin causa aparente y que lo hacen relativamente cerca de donde se había producido un incendio en la temporada anterior. Como si ese fuego resurgiera como un zombi.

¿Qué es lo que ocurre?

Los incendios en esta zona pueden ser más peligrosos de lo que parecen por las características del suelo: el fuego que vemos en la superficie puede penetrar en profundidad y hacer que entre en combustión la materia orgánica que hay debajo. En ese momento, parte “del alma” del incendio queda enterrada bajo tierra y se mantiene en estado latente, a salvo de las lluvias, de la nieve… pudiendo volver a salir hacia la superficie a medida que van subiendo las temperaturas en primavera y generar un nuevo incendio a cierta distancia.

¿De qué depende su supervivencia?

Según el estudio que os referenciaba al principio, la capacidad de estos incendios de sobrevivir en invierno estaba muy relacionada con la extensión quemada y las temperaturas del verano anterior (por ejemplo, no observaron estos incendios en los 7 veranos más fríos). Así que su presencia varía con los años (¡que no todos son iguales!) y, aunque de forma media estos incendios zombis sean minoritarios, no se deben infravalorar… por ejemplo, un sólo incendio de este tipo supuso un 38% del área anual quemada en Alaska en 2008.

Además, implican más problemas teniendo en cuenta la dificultad que hay para gestionar los incendios en zonas remotas del planeta, que parecen estar yendo a más con el cambio climático y que… ostras… es que los incendios en el Ártico no son cosa menor. Empiezo por eso último. Resulta que el suelo orgánico que tenemos en esa parte del planeta alberga grandes cantidades de carbono. Las estimaciones apuntan a que puede tener más del doble de todo lo que hay actualmente en la atmósfera y los incendios ayudan a liberar parte de él.

¿Y cómo afecta el cambio climático?

El clima está cambiando de forma preocupante en el Ártico. La temporada de incendios puede ampliarse debido a la subida de temperaturas y aumento de la sequedad del suelo, haciendo que algunos incendios puedan ser más extensos y virulentos (otro día veremos con más detalle qué pasa con la precipitación). Claro, esto tiene relación con los incendios zombis: antes habíamos visto que estaban relacionados con la extensión quemada y con veranos cálidos. El fuego puede penetrar más profundamente en el suelo aumentando el riesgo de que entre en estado latente durante el invierno.

(Fíjáos en esto: Fuegos que pueden permanecer más tiempo en estado latente, resurgir, liberar más gases de efecto invernadero a la atmósfera, que potencia el calentamiento global, que vuelve a impactar en el Ártico, aumentando los incendios zombis y la temporada de incendios en general… y que nos repercute al resto del planeta. Vamos, un círculo vicioso.)

¿Pero es mucha la cantidad de carbono emitida por estos incendios? Actualmente corresponderían a un 0.5% de las emisiones totales de los incendios boreales de Alaska y territorios del noroeste americano, un porcentaje que podrá crecer con los años… ¡o no! Resulta que hay otros factores relacionados con el cambio climático que pueden contrarrestar este posible aumento de incendios zombis, como los cambios en los ecosistemas de esta zona del planeta (precisamente por los incendios y el aumento de temperaturas).  Además, aunque existen muchas incógnitas al respecto, estudios como este ayudan a entender estos procesos y arrojan luz sobre la posible predicción espacio-temporal de estos incendios, lo que puede ayudar a gestionar los recursos para controlar estos y el resto de fuegos boreales.

No nos quedemos en la anécdota ni de brazos cruzados.

En cualquier caso, no nos quedemos con la anécdota de los incendios zombis o pensando que «pueden no ser un problema» (porque lo son). Esto es sólo una de las consecuencias del cambio climático en el Ártico, que todavía guarda muchas sorpresas, y cuyos impactos afectan al resto del mundo. No podemos arriesgarnos a esperar a ver si realmente los mismos mecanismos que están afectando al Ártico son capaces de contrarrestar otros efectos negativos. ¡Hay que actuar!

¡Y acabo! Como veis, la peli climática de la que os hablaba al principio puede terminar convirtiéndose en una película de terror… y, desde luego, quedarnos como espectadores puede hacer que la realidad supere a lo que debería ser ficción. Por este motivo, necesitamos tomar medidas de forma urgente y minimizar los impactos del cambio climático en el Ártico. Ya sabéis que lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico. ¡Gracias por leer y compartir!


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